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Cuando menos es más: aeropuertos y aerolíneas boutique

El vuelo más largo, el aeropuerto más transitado, el avión más grande, la cabina más lujosa… El sector de la aviación está plagado de récords que, a veces, olvidan al pasajero más habitual: el que vuela en trayectos cortos y clases económicas y para el que el viaje en avión es solo el medio para llegar lo más rápido posible al destino. Lejos del circuito de los grandes aeropuertos y las principales aerolíneas, algunas compañías se enfocan para mejorar la experiencia de los vuelos de corto radio y por devolver algo de humanidad y cordura a los viajes. Más del 90% de los pasajeros y el 75% de los ingresos de la aerolínea escandinava SAS proviene del corto radio  Si es escandinavo es mejor «Más del 90% de nuestros pasajeros vuelan en distancias cortas», señaló CEO de Scandinavian Airlines, Rickard Gustafson, a CNN Travel. Si el 75% de sus ingresos proviene del corto radio es lógico que SAS esté actualizando su flota para este tipo de trayectos con el objetivo de reemplazar un tercio de sus aeronaves por A320neos para 2020. En vuelos que no exceden la hora de duración, la experiencia a bordo podría no ofrecer muchas posibilidades en términos de oferta de ocio o restauración. Sin embargo, SAS ofrece té y café gratis y prepara un menú de alimentos saludables de origen local. SAS ofrece té y café gratis en sus vuelos de corto radio. Convencidos de que una mejor experiencia es la que suponga una menor pérdida de tiempo a sus usuarios, la aerolínea está invirtiendo además en poner las cosas más fáciles en tierra: accesos más rápidos, lounges más confortables y herramientas digitales que acompañen al viajero en todo el proceso son sus prioridades. El aeropuerto regional El Aeropuerto del Condado de Westchester, en White Plains (Nueva York) no se caracteriza por contar con tiendas de las marcas más lujosas, opciones gastronómicas ilimitadas o servicios de alta gama como gimnasios o spa. De hecho, es el único aeropuerto de los EEUU que tiene toque de queda. El aeropuerto de Westchester no está diseñado para que la gente quiera quedarse: no hay grandes tiendas ni opciones de restauración ilimitadas. A cambio se esfuerzan por ahorrar el máximo tiempo posible a sus usuarios Sus responsables entienden que el aeropuerto no es un lugar en el que la gente quiera quedarse, sino tomar su vuelo y salir; “esto no es un centro comercial y nos gusta que sea así”, señala su gerente, Peter Scherrer. En énfasis se pone, por el contrario, en la velocidad y en la comodidad, para ahorrar el máximo tiempo posible a los usuarios. Las cintas para recoger el equipaje y el mostrador de coches de alquiler, por ejemplo, están a pocos pasos de distancia de la puerta de salida de los vuelos. Impensable en un aeropuerto grande, un avión puede estar listo para despegar tan solo 45 minutos después de su llegada lo que, de cara a la aerolínea, es más que rentable. “Un avión no gana dinero si está en tierra», agrega Scherrer. En un avión de Cape Air el pasajero nunca encontrará una cola de más de nueve personas: es el número máximo de pasajeros en sus Cessna Alrededor de 1,5 millones de pasajeros –felices- pasan por Westchester cada año, una cifra que contrasta con la del mayor aeropuerto de los EEUU y del mundo, Atlanta, que registra 100 millones de pasajeros anuales. Cape Air cuenta con una flota de 90 aviones Cessna de 11 plazas. Foto Cape Air. La aerolínea local Una flota de 90 aviones Cessna de 11 plazas es el principal activo de Cape Air, una pequeña aerolínea con sede en Massachusetts (EEUU) y que opera alrededor de 550 vuelos diarios en Norteamérica. Las colas nunca exceden las nueve personas (es el número máximo de pasajeros en el avión) y cada una de ellas es tratada de forma individual, con un servicio personalizado. Y es que cada una de ellas forma parte de esa experiencia única que se convierte en el vuelo. Los empleados de Cape Air saben incluso los nombres y apellidos de los viajeros más frecuentes en lo que supone retomar una humanidad desconocida en las grandes compañías y aeropuertos Los empleados saben incluso los nombres y apellidos de los viajeros más frecuentes en lo que supone retomar una humanidad desconocida en las grandes compañías y aeropuertos. El servicio es premium sin llegar a ser exclusivo, con tarifas que van desde los 29 a los 299 dólares por trayecto, con diferentes tarifas para los más habituales. Así, en un mundo en el que cada vez se realizan más trayectos en avión y en los que la inmensa mayoría son inferiores a las seis horas parece una contradicción que las aerolíneas se embarquen en carreras de récords e ignoren la calidad de los trayectos más cortos.